La conselleira de Medio Rural ha salido a defender públicamente la moratoria de dos años para nuevas explotaciones ganaderas en la cuenca del río Limia, calificándola de medida «provisional, temporal y localizada» en respuesta a una pregunta parlamentaria del BNG, según Galicia Press.
El anuncio llega después de que la Xunta previese esta paralización tras el fallo judicial por la contaminación del embalse de As Conchas, tal como informó MSN. Para Xinzo de Limia, donde la ganadería es columna vertebral económica, la pregunta no es si la medida es técnicamente justificable, sino qué significa en la práctica para quien tiene una explotación parada o una inversión comprometida.
La defensa institucional del carácter «temporal» choca con la realidad del calendario ganadero. Dos años sin licencias pueden ser la diferencia entre seguir o cerrar para explotaciones que operan con márgenes estrechos y que necesitan renovarse o crecer para mantenerse viables.
La medida prohíbe durante dos años la instalación o ampliación de explotaciones ganaderas en zonas cuya escorrentía afecta a aguas contaminadas por nitratos de origen agrario en la cuenca del Limia, según explicó Diario de Santiago. La Región informó de que la limitación afecta a licencias de instalación o ampliación en zonas vinculadas al problema de nitratos.
El decreto responde a una sentencia que estableció la necesidad de adoptar medidas en la cuenca de A Limia y el embalse de As Conchas, aunque la Xunta recibió este mes el borrador del informe sobre presiones e impactos emitido por el Ministerio para la Transición Ecológica, documento que la conselleira consideró «imprescindible» para determinar el origen de la contaminación, según Galicia Press.
La Xunta presentó alegaciones por considerar que la información recogida no es concluyente en algunos puntos, lo que añade incertidumbre sobre si la moratoria se levantará realmente al cumplirse el plazo o si se prorrogará en función de nuevos informes.
Para Xinzo, la moratoria llega en un momento en que la ganadería ya enfrenta presión regulatoria, costes de producción al alza y competencia de otras zonas. Paralizar licencias durante dos años no solo afecta a quien quiere abrir una nueva explotación, sino también a quien necesita ampliar para ser rentable o modernizar instalaciones para cumplir normativas ambientales.
La medida se presenta como «localizada», pero en una comarca donde la actividad agropecuaria es motor de empleo y renta, el impacto es sistémico. Las explotaciones ganaderas no operan en el vacío: generan demanda de servicios veterinarios, transporte, alimentación animal, maquinaria y mantenimiento.
Congelar el sector durante dos años puede significar que parte de ese tejido auxiliar se debilite o desaparezca.
Además, la incertidumbre sobre el origen exacto de la contaminación plantea una cuestión de fondo: si el informe ministerial no es concluyente, ¿es justo aplicar una moratoria general a todo el sector ganadero de la cuenca? La conselleira defendió que la Xunta actúa «con máximo rigor y respeto a la legalidad», pero no aclaró qué pasará si al cabo de dos años el problema persiste o si se identifican otras fuentes de nitratos.
El debate de fondo es si la moratoria servirá realmente para ordenar el territorio o si simplemente congelará un sector sin resolver el problema de contaminación. El Diario informó de que la Xunta anunció la moratoria como medida provisional y localizada, pero no detalló qué acciones concretas se tomarán durante esos dos años para identificar y corregir las fuentes de nitratos.
Si la pausa se usa para elaborar un plan de gestión serio, con datos precisos sobre el origen de la contaminación y medidas diferenciadas según el tipo de explotación, la moratoria puede tener sentido. Pero si se limita a ganar tiempo sin avanzar en soluciones, el resultado será un sector paralizado sin que el agua mejore.
Para Xinzo, la pregunta cívica es clara: ¿quién asume el coste de esta pausa? Las explotaciones que no pueden crecer, las familias que dependen de la ganadería, los jóvenes que querían instalarse y ahora no pueden. La defensa institucional de la medida como «temporal» no resuelve la incertidumbre de quien tiene que tomar decisiones hoy sobre su futuro.
La moratoria llega en un momento crítico para el relevo generacional en el campo. Dos años sin licencias pueden significar que jóvenes que querían instalarse busquen otras salidas o se vayan a comarcas donde sí puedan empezar. La ganadería no es un sector que se reactive con facilidad: si se pierde una generación de productores, recuperarla es casi imposible.
Además, la medida puede acelerar el cierre de explotaciones pequeñas y medianas que necesitaban ampliar para ser viables. Si al cabo de dos años solo quedan las grandes, la comarca habrá perdido diversidad productiva y capacidad de fijar población.
La conselleira criticó que el BNG canalice sus críticas contra la Xunta y no contra la Confederación Hidrográfica, según Galicia Press, pero para el ganadero de Xinzo el debate sobre competencias administrativas es secundario. Lo que importa es si podrá seguir trabajando o no.
La moratoria puede ser una pausa necesaria para ordenar el territorio, pero solo si se usa para avanzar en soluciones reales. Si se limita a congelar el sector sin más, el coste lo pagarán las familias que viven de la ganadería en Xinzo y en toda A Limia. Y ese coste, a diferencia de la medida, no será ni provisional ni temporal.
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