El coste de repostar gasolina y diésel marca récord en la provincia mientras la inflación trepa al 4,8%. En un territorio donde el coche no es una opción sino una necesidad, cada euro más en el surtidor pesa directamente sobre economías familiares ya ajustadas.
Llenar el depósito del coche cuesta hoy en Ourense más que nunca. La Región constata que el precio del combustible ha alcanzado su récord histórico en la provincia, sin bonificaciones que amortigüen el golpe. La inflación provincial se sitúa en el 4,8%, y el carburante es uno de los principales motores de esa subida.
La geografía como condena económica
En Ourense, el coche no es un capricho: es la única forma de moverse para miles de personas. La dispersión poblacional, con decenas de aldeas y núcleos rurales alejados de los servicios básicos, convierte el vehículo privado en una herramienta de supervivencia cotidiana.
No hay alternativa real de transporte público que conecte con frecuencia y eficacia el interior de la provincia. Cada desplazamiento al médico, al trabajo, a la compra o a la escuela pasa por la gasolinera.
Esta dependencia estructural del automóvil amplifica el impacto de cualquier subida de precios. Cuando el combustible se encarece, no se trata de ajustar el ocio o de renunciar a un viaje: se trata de pagar más por lo mismo, por la movilidad básica. Y en una provincia con rentas medias bajas, ese incremento no es anecdótico.
Diferencias territoriales que pesan
El coste de conducir no es uniforme en España. The Objective señala que el gasto anual en carburante puede variar hasta un 30% según la provincia de residencia. Ourense aparece en varios rankings con valores elevados, como recoge Tráfico.live en su seguimiento semanal de precios por territorio.
En Canarias, donde también existe alta dependencia del vehículo privado por la insularidad y la dispersión, los medios locales publican a diario las gasolineras más económicas. El Día y La Provincia ofrecen listados actualizados para que los conductores puedan ahorrar céntimos.
Ese esfuerzo informativo refleja una realidad: en territorios periféricos, cada céntimo cuenta.
El Ministerio para la Transición Ecológica ha documentado las diferencias provinciales en los precios de carburantes entre 2023 y 2024.
Cuando la oferta energética es escasa
La dependencia del vehículo en Ourense se complica aún más por la limitada oferta de alternativas energéticas. La Región advirtió en junio de 2025 que los coches con gas natural comprimido (GNC) se quedarían sin el único surtidor disponible en la provincia.
Para quienes apostaron por esa tecnología buscando ahorro, la noticia supuso un callejón sin salida.
Esa fragilidad en la red de suministro energético no es exclusiva del GNC. La provincia cuenta con pocas estaciones de servicio en comparación con su extensión territorial, y la competencia de precios es débil. El resultado: menos margen para elegir, menos presión a la baja sobre los precios.
El efecto dominó sobre la economía familiar
Un depósito más caro no es un gasto aislado. Se suma a una cesta de la compra que también ha subido, a facturas de luz y gas que no bajan, a salarios que en muchos casos permanecen estancados. En Ourense, donde la renta media disponible es inferior a la de otras provincias gallegas, el margen de maniobra de las familias es estrecho.
Cuando el combustible sube, sube todo lo que depende del transporte: los productos en el supermercado, los servicios a domicilio, los costes de las pequeñas empresas que necesitan furgonetas para trabajar. La inflación del 4,8% no es una cifra abstracta: se traduce en menos capacidad de ahorro, en recortes en otras partidas del presupuesto familiar, en decisiones difíciles.
¿Dónde está el colchón?
En otras épocas, las bonificaciones estatales al carburante sirvieron de alivio temporal. Hoy no existen. La ausencia de ayudas deja a los conductores ourensanos expuestos a la volatilidad del mercado internacional del petróleo, sin red de protección.
Y en un territorio donde el transporte público no es una alternativa real, esa exposición se convierte en vulnerabilidad.
Algunas provincias han desarrollado redes de transporte a demanda, líneas de autobús flexibles o sistemas de car-sharing rural para reducir la dependencia del coche propio. En Ourense, esas iniciativas son todavía testimoniales. Mientras tanto, cada subida del precio del combustible actúa como un impuesto invisible que grava la vida en el rural.
El récord histórico en el coste de llenar el depósito no es solo una noticia económica. Es un recordatorio de que la geografía, la demografía y la infraestructura condicionan la factura final de vivir en determinados lugares. Y que, sin políticas que compensen esa desigualdad territorial, el precio del combustible seguirá siendo una carga desproporcionada para quienes no tienen más remedio que coger el coche cada día.
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