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La patata de A Limia aguanta el tipo, pero el calor reduce la cosecha y obliga al campo a buscar alternativas

La cosecha de patata apunta a una merma de entre el 10% y el 15%, mientras los agricultores afrontan mayores costes y estudian alternativas ante un clima cada vez más exigente

La agricultura de A Limia encara una campaña complicada después de un verano marcado por las altas temperaturas y la falta de agua. El estrés hídrico está afectando directamente a los rendimientos de algunos cultivos y, al mismo tiempo, ha elevado los costes de producción para los agricultores de la comarca.

La campaña de recogida de la patata ya ha comenzado en varias zonas y las primeras previsiones apuntan a una producción algo inferior a la media. Los cálculos manejados sitúan la cosecha en niveles similares a los del pasado ejercicio, aunque por debajo de los rendimientos habituales.

Menos rendimiento

La merma de producción podría situarse entre el 10% y el 15% respecto a los niveles históricos. A pesar de esa caída, las condiciones fitosanitarias son buenas y la materia seca supera el 22%, un dato favorable para la calidad gastronómica del producto.

La situación no es homogénea en toda la comarca. En algunas fincas la recogida ya lleva semanas en marcha, mientras que en otras los agricultores esperan nuevas lluvias para que las plantas terminen de desarrollarse correctamente antes de iniciar la extracción.

La diferencia entre parcelas situadas en zonas bajas, próximas a la antigua Lagoa de Antela, y terrenos a mayor altitud vuelve a ser relevante a la hora de evaluar los rendimientos y el comportamiento de las distintas variedades.

Agria pierde fuerza

La variedad agria, una de las más implantadas tradicionalmente en A Limia, continúa ofreciendo buenos resultados gastronómicos, pero presenta problemas que complican cada vez más su manejo.

Entre las dificultades detectadas figura el deterioro de la semilla después de décadas de uso comercial, además de una mayor exigencia durante la recogida y el almacenamiento.

El estrés térmico también puede provocar segundos crecimientos o problemas internos en los tubérculos cuando la planta interrumpe su ciclo por las altas temperaturas y vuelve posteriormente a activarse.

La donata avanza

Frente a esas dificultades, la variedad donata está ganando protagonismo en la comarca y empieza a ocupar una parte importante de la superficie cultivada por algunos productores.

La donata nació principalmente como una patata orientada a la industria del frito, pero ha ido ganando interés por su versatilidad y por su resistencia frente a buena parte de las enfermedades habituales de la zona.

Entre sus inconvenientes está una dormancia relativamente corta, lo que provoca que los tubérculos comiencen a brotar antes y dificulta su conservación prolongada en almacén.

El trigo, en duda

El problema no afecta únicamente a la patata. Los agricultores están revisando también la rentabilidad de otros cultivos ante el aumento de los gastos y una climatología menos favorable.

El trigo es uno de los productos que genera más dudas. Con determinadas condiciones meteorológicas y unos costes de producción elevados, algunas campañas pueden dejar márgenes muy reducidos o incluso insuficientes para compensar la inversión realizada.

Esta situación obliga a los agricultores a analizar con mayor cuidado qué sembrar y qué riesgos asumir en cada campaña.

La colza, alternativa

Entre las opciones que empiezan a ganar interés aparece la colza. Aunque exige una inversión inicial en tratamientos y abonado, puede ofrecer rendimientos capaces de compensar mejor los gastos y presenta menores exigencias que otros cultivos.

La diversificación se está convirtiendo así en una estrategia para reducir riesgos. En una comarca muy dependiente de la agricultura, mantener la rentabilidad pasa cada vez más por adaptar variedades, calendarios y cultivos a unas condiciones climáticas distintas.

Una campaña exigente

La situación de 2026 vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad del campo de A Limia frente al calor y la falta de agua. La producción de patata mantiene una calidad elevada, pero con menos volumen y con costes superiores para los profesionales.

La campaña deja, por tanto, una doble fotografía: una cosecha que sigue conservando el prestigio de la comarca, pero también agricultores obligados a ajustar cada vez más sus decisiones ante el estrés hídrico, el encarecimiento de la producción y la necesidad de encontrar cultivos capaces de resistir mejor los nuevos escenarios climáticos.


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