La Audiencia de Ourense ha impuesto una pena de 20 años de prisión a un hombre por vejaciones, agresiones y violencia psicológica continuada contra su pareja y su hija en Verín (Ourense). La sentencia recoge años de maltrato extremo y violencia vicaria en el seno familiar, una situación extrema de terror que, según fuentes judiciales, dejó secuelas profundas en las víctimas y supone una condena ejemplar en casos de violencia de género y familiar.
Según recoge la resolución judicial, el acusado sometió durante un periodo prolongado a su pareja y a su hija a insultos, vejaciones, agresiones físicas y psicológicas. La magistrada encargada del caso consideró probado que los hechos constituyeron un patrón de maltrato habitual y violencia vicaria, con el objetivo de causar un daño aún mayor a la víctima principal, utilizando a la hija como instrumento de sufrimiento.
La violencia vicaria —cuando el maltrato va dirigido indirectamente a través de terceros, en este caso la hija— fue un elemento central en la valoración de la jueza al dictar la pena, al constatar que el agresor buscaba controlar y dominar a su pareja a través del sufrimiento infligido a su propia hija.
El clima de terror descrito en el procedimiento incluyó episodios de insultos, humillaciones y amenazas repetidas a lo largo de años dentro del domicilio familiar, detallando un ambiente de intimidación constante para las víctimas.
Además de la violencia psicológica, la sentencia también recoge agresiones físicas contra la hija, según lo declarado en sede judicial y respaldado por pruebas. La niña sufrió empujones, tirones de pelo y golpes, en un contexto de abuso reiterado dentro de la propia casa.
Estos hechos se enmarcan en un patrón de maltrato repetido que, según el tribunal, no solo afectó a la integridad física de la menor, sino que buscó causar un impacto emocional profundo tanto en ella como en su madre.
La condena pone especial foco en la violencia psicológica ejercida contra la mujer, quien sufrió insultos, humillaciones y un proceso de anulación emocional que, según los informes periciales, le causó secuelas de ansiedad, baja autoestima y miedo constantes. La magistrada subrayó que esta forma de maltrato continuado generó un ambiente de dominación y control que marcó la vida de la víctima durante años.
La violencia psicológica se consideró tan grave como las agresiones físicas, dado el impacto prolongado y profundo que tuvo en la salud mental de las víctimas.
La Audiencia provincial de Ourense impuso al acusado una condena de 20 años de prisión por delitos de maltrato habitual y violencia vicaria agravada. El fallo judicial, además de la pena de cárcel, incluye medidas de alejamiento de las víctimas y otras condiciones de protección.
La resolución busca reconocer también el daño causado a la menor y a su madre, así como ofrecer una respuesta penal contundente frente a casos de abuso prolongado dentro del entorno familiar.
Este caso ha vuelto a poner sobre la mesa el grave problema de la violencia de género y la violencia intrafamiliar, especialmente cuando incluye violencia vicaria. Organizaciones sociales y expertos en la materia consideran este tipo de condenas un paso importante para visibilizar y sancionar formas complejas y duraderas de maltrato que no siempre se perciben en un primer momento.
La sentencia también servirá como referente para futuros casos en Galicia y fuera de ella, subrayando la importancia de abordar tanto los aspectos físicos como los psicológicos en las dinámicas de abuso familiar.
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