Las personas pasan alrededor de un tercio de su vida durmiendo, por lo que la investigación sobre la salud a empezado a centrar sus esfuerzos en el entorno en el que se descansa. Así lo señala el nuevo análisis del Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada, ‘La longevidad y el exposoma: la salud del futuro’, que analiza cómo los factores ambientales y personales, conocidos como exposoma, influyen de manera decisiva en el envejecimiento y en la calidad de vida.
Señala que se pone de relieve un cambio de paradigma en la ciencia del envejecimiento: el foco ya no está únicamente en tratar enfermedades, sino en preservar la funcionalidad del organismo durante más tiempo, un enfoque conocido como ‘longevidad funcional’ o ‘healthspan’. Según el citado análisis, el exposoma puede llegar a explicar una parte determinante del estado de salud, más allá de la genética, al modular procesos clave como el metabolismo celular, la inflamación de bajo grado y los mecanismos de reparación tisular.
En este contexto, se subraya la importancia de optimizar los entornos cotidianos, especialmente aquellos en los que pasamos más tiempo en estado de recuperación biológica, como el descanso nocturno. Durante el sueño profundo se activan procesos esenciales de renovación celular, regulación inmunológica y equilibrio energético, lo que convierte al dormitorio en un espacio estratégico para la salud preventiva.
“La ciencia está demostrando que no solo importa cómo vivimos, sino en qué entorno lo hacemos. El exposoma, el aire que respiramos, la calidad del descanso o la carga ambiental que nos rodea, serán determinantes para la salud y la longevidad en las próximas décadas”, afirmó Jesús Sánchez Lambás, vicepresidente del Instituto Coordenadas.
Se destaca que tecnologías de nueva generación, especialmente aquellas orientadas a mejorar la calidad del entorno y favorecer la eficiencia energética celular, están configurando un nuevo modelo de prevención activa de la salud. En este contexto destacan la tecnología de Biow, que trabaja como un biomoduador del exposoma personal, eliminando biotoxicidad y nanotixicidad, y emitiendo energía biodisponible, generando un entorno óptimo que favorece el descanso, la recuperación, reduce el estrés, mejora la respiración y fomenta una oxigenación celular más eficiente, lo que permite reducir el estrés oxidativo y mejorar la producción de energía, entre otros. Estas soluciones no actúan mediante fármacos, sino creando condiciones ambientales más favorables para los procesos naturales de regeneración del organismo.
Según el análisis, este es un enfoque más accesible y sostenible de la medicina preventiva, basado en intervenir antes de que aparezca la enfermedad y en reforzar la capacidad intrínseca del cuerpo para mantenerse funcional a lo largo del tiempo.
“El futuro de la salud pasa por integrar ciencia, tecnología y entorno. No se trata solo de vivir más años, sino de llegar a edades avanzadas con autonomía, energía y calidad de vida, que tendrá un impacto formidable en la funcionalidad y en los costes de los sistemas nacionales de salud, a medio y largo plazo”, concluyó Sánchez Lambás.
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